
Desde bien pequeños se nos imponen unas normas tácitas y una rutina que, en el momento en que las hacen desaparecer, nos perdemos.
Si desde un principio nos dejaran elegir, aunque fuera entre opciones concretas, al crecer no tendríamos ese sentimiento, o no de la misma forma.
A un bebé es normal que se le acostumbre, más o menos, a una rutina, pero conforme crece hay que ir cediéndole ciertas libertades, aunque sea elegir entre un babero de un color u otro a la hora de comer, el columpio al que prefiere ir del parque, el parque al que quiere ir... Son cosas tontas, pero así se le puede acostumbrar un poco, hasta que se le van dando más alas todavía, dejandole escoger entre opciones que él mismo se plantee.
Seguro que a muchos les han obligado los padres a estudiar una u otra cosa, han decidido por ellos la ropa que se deben poner, qué deben comer en cada momento... cualquiera de estas cosas u otras, y más tarde, cuando no los tenían para decírselo o cuando estaban pero les daban a elegir, no sabían qué contestar porque, o dudaban de que fuera real la situación o habían perdido gran parde de la capacidad de elección.
Si queremos libertad desde el principio y no enjaular a los niños... tenemos que abrirles las puertas, aunque sea poco a poco, barrote a barrote, hasta que no requieran de un "apoyo elector".
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