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viernes, 22 de abril de 2011

Clase del 08.04.2011 - Observación en un parque infantil

Contextualización.
La observación la he llevado a cabo en un parque que hay junto a mi casa con suelo de cemento rojizo y un nivel de limpieza aceptable (cáscaras de pipas, algunas colillas y restos de globos, pero sobre todo chicles fosilizados en el suelo). Los elementos presentes eran bancos (8), columpios (4) (columpio, balancín, muelle balancín con forma de conejo y tobogán con estructura de “casa”), máquinas de ejercicio (8), vallas cercando la zona de los columpios cuyo suelo es de grava suelta (chinos), farolas (4), papeleras (4), jardineras por los dos lados opuestos y césped por los otros dos, dejando las esquinas como entrada al parque.
En él hay muchos adultos, casi tantos como niños, siendo éstos últimos entre veinte y treinta de diversas edades y repartidos, generalmente, según éstas.
El tiempo de la observación ha sido de casi dos horas (1h 50mins) y bastante amplio, intentando observar a todos los grupos de niños por separado pero a la vez.

Observación.
Para hacerlo más sencillo, la he dividido por grupos de niños y/o zonas en la que se desarrolla su actividad.

Fútbol en el césped.
El grupo lo forman, aproximadamente, diez chicos y, de vez en cuando, una chica (a ratos está con ellos y a ratos con dos amigas mientras planean cómo chincharlos o chantajearlos) de unos once años que juegan al fútbol en la mitad de unos de los lados de césped durante más de dos horas (antes de que comenzara la observación ya llevaban mucho rato jugando).
Al ser ya mayorcitos, su motricidad podría decirse que es normal. Algunos hasta controlan el balón con el pecho o la cabeza, a pesar de que muchos no lo controlan bien con la izquierda (supongo que todos son diestros, ya que tiran y pasan normalmente con la derecha).
Las relaciones entre ellos se podría decir que son “normales”: todos intentan ser los mejores, pero hay uno o dos que destacan y uno que participa menos, aunque no pasa desapercibido porque habla mucho. Con los adultos no mantienen relación ninguna, ya que han ido al parque solos y no conocen a ninguno de los presentes (aunque hay un momento en el que se sienta la madre de una de las amigas de la chica en un banco durante cinco minutos y la saludan, pero nada más).
No emplean ningún valor ni antivalor aparente en el juego, pero sí hay que comentar la clara abundancia de chicos, frente a una sola chica, y la poca intención de participar por parte de las amigas de la chica y de ella misma en algunos momentos.

Trío “lalalá”

Se trata de dos niños y una niña de unos cuatro años que corren, saltan, se pasan la pelota botando o en el aire (a veces no la logran atrapar), mantienen el equilibrio apoyados en la cerca del césped (los pies en el filo de abajo y las manos agarrándose a la parte de arriba)… aunque uno de los niños participa poco o nada, ya que no quiere y llega a decir “quiero irme ya” a su padre y a no hacerle caso cuando le dice que juegue con los otros dos, provocando riñas consecutivas con él.
Juegan a correr por ahí sin ser el pilla-pilla (aunque más tarde sí quisieron jugar al pilla-pilla y el padre antes mencionado les dijo que no), a pasarse la pelota, y el otro niño y la niña juegan a apretarse el brazo: la niña se lo aprieta al niño y él, como haciendo alusión a que tiene poca fuerza, dice algo así como que no le duele o no lo nota y la niña vuelve a hacerlo, más fuerte, hasta que el niño se queja de que le duele, así que entonces es cuando él le propone hacerlo al revés y ella, rápidamente, reacciona diciendo “no, es que yo soy…”, lo cual parece un “síntoma” de machismo. Entre el enfado de uno y la actividad de los otros, los juegos suelen durar poco, pero pronto buscan un nuevo entretenimiento, aunque sea ponerse a correr de nuevo.
El espacio que utilizan es la totalidad del parque, desde el césped a las máquinas de hacer ejercicio en las que se sube el niño rebelde o enfurruñado cuando discute con su padre.

Niños muy pequeños.
Son cuatro o cinco niños (dos de ellos gemelos) de menos de dos años que pasan el tiempo en el carrito haciendo carantoñas, jugando con juguetes multiusos… o revoloteando cerca de sus madres (sólo uno era padre) para investigar o llamar la atención.
Su motricidad es bastante básica, ya que sólo una niña anda, saluda con la mano, juega con una pelotita y se acerca a un perro (el mío) diciendo “guagua”, y luego se va corriendo y lo sigue llamando así mientras retrocede un par de pasos en diagonal hacia atrás (por desconfianza, curiosidad o falta de la habilidad para andar de espaldas).
Por lo general no mantienen relaciones entre sí porque, entre otras cosas, se encuentran dispersos en los distintos bancos del parque. Sin embargo, la relación con los adultos cercanos es amplia, ya que son personas conocidas con las que tienen un lazo de apego y que les prestan atención.

Niños de los columpios.

El número es variable, rondando casi siempre los siete niños, pero suelen ser los mismos los que frecuentan los columpios y tener entre dos y siete años.
Una de las más pequeñas adora el conejito y se la ve feliz cuando lo pide y consigue que la suban, moviéndolo ella sola, sin ayuda de ningún adulto, aunque la madre está al lado y con las manos preparadas para cogerla si pasa algo.
Algún grupito juega a tirarse gravilla sin estar en ningún columpio o desde/hacia el tobogán, desarrollando algunos juegos que no agradan a los padres (les resultan peligrosos) y yéndose del parque.
Entre los niños puede existir colegueo o afecto. Y, como siempre, la relación con los padres es menor, ya que ayudan sólo a emplear los columpios cuando, en ocasiones no es ni necesario.
Una niña de unos cinco años pasa un rato en los columpios, hasta que se cansa y se va con su madre al césped a jugar con un globo grande amarillo (poco inflado) que tenían desde el principio y que, después de varios manotazos, explota al caer al césped. La madre lo intenta reinflar por un costado, pero al ver que no es posible se tumba en el césped. Acto seguido, la niña corre un poco hasta el árbol más cercano, intentando que la madre se levante, pero como no funciona se tumba junto a ella y acaban haciéndose cosquillas. Y ya al final, antes de irse, juegan a “piedra-papel-tijeras”.

Trío “tralará”.

Lo forman una niña y dos niños de unos cinco años que juegan con una chica de unos 10 que, a la vez, los vigila.
Las actividades se desarrollan en la parte cementada del parque y las realizan durante el tiempo que quieran, dependiendo del ánimo.
Su motricidad es bastante buena, aunque no realizan ninguna actividad en la que pueda apreciarla claramente.
Juegan al “pilla-pilla” todos juntos, cambiando los roles varias veces y al escondite.
Uno de los niños suele ir con un cubo o con una botella llena de gravilla para tirarla al aire, normalmente hacia donde está la niña, lo cual puede ser visto machismo y superioridad y, en general, con la chica mayor se relacionan prácticamente igual que con una persona de su edad.

Reflexión.
En el parque los padres y familiares se situaban en distintos bancos conforme llegaban o en el que hubiera algún conocido, propiciando que los niños pequeños apenas se relacionaran con otros por la situación espacial y el excesivo control. Aparte de esto, siempre había madres y tan sólo pasaron dos padres por allí que estuvieron sentados en bancos todo el rato: uno de ellos no dejaba de discutir con el hijo para que le hiciera caso, se quedaran y jugara con los dos amigos (uno de los grupos antes mencionados), mientras que el otro estaba con su bebé en el carrito. En esto podemos ver una realidad que se lleva sucediendo muchos años y que se puede apreciar fácilmente: las madres tienden a preocuparse y a ser con los hijos mucho más protectoras que los padres aunque, evidentemente, hay muchas excepciones totales (hombres que se comportan así en todo momento) o temporales (los que lo hacen de vez en cuando).
A los niños que observé les gustaba, sobre todo, correr, jugar con pelotas (incluso una niña pequeña tenía su propia pelota y jugaba sola con ella) y jugar en grupo, los cuales tenían mayoría de chicos en todos los casos, fomentando el machismo de forma visual. Éste también lo fomentaban las madres, corriendo todo el rato detrás de las niñas más que de los niños.
En mi caso, a pesar de haberme tratado siempre como si fuera muy “frágil”, mis padres me dejaban jugar en el parque con la tierra, subirme a los columpios que quisiera aunque no pudiera fácilmente, jugaban conmigo y mi hermano al fútbol (él era el portero y yo chutaba) con una pelota que me compraron únicamente para mí (no de goma, sino una Nike de fútbol de esas que “cualquier chico habría querido”), me incitaban acercarme a otros niños para preguntarles cómo se llamaban y si querían jugar conmigo… Cosas que, a veces, no se ven hoy en día.
Creo que para mejorar la socialización de los niños, aunque los padres la frenen, en la escuela se pueden hacer distintas actividades dependiendo de la edad, ya que cuando son pequeños son egocéntricos pero les gusta imitar y realizar juegos en paralelo, y conforme van creciendo les va gustando jugar con los compañeros. De esta forma, a los primeros se les podría dejar en un sitio con grandes cantidades de varios materiales para que realicen los juegos en paralelo y a los segundos se les daría materiales más diversos y en menor cantidad para que idearan juegos en grupo, entre otras cosas.